Pasajeros
Como extraños que viajan en la misma dirección,
miramos por la ventana sin ver nada,
o fingimos que el celular tiene señal.
Suena el silbido solitario y el cuerpo se tensa,
el tren arranca como quien se traga su propia muerte.
Pasamos fábricas podridas que nos miran con ventanas rotas,
ojos negros pidiendo clemencia que nadie les da.
Nos dormimos hombro con hombro,
extraños compartiendo el mismo sueño enfermo:
cargando un ataúd vacío,
tan pesado que solo entre todos podemos arrastrarlo.
Despertamos, abrimos laptops,
leemos sobre muertes o belleza barata,
pero una parte de nosotros sigue ahí,
cargando ese cajón en la niebla.
Y el sueño no termina.
Sigue.
Sigue.

