porcelana

Te he perdido tantas veces

que ya no sé cuántas cicatrices guarda mi pecho.

Siempre supe que preferiría morir

a tener que vivir sin vos.

Por un instante el tiempo tuvo piedad,

y la porcelana rota volvió a unirse.

Te dejé entrar donde jamás había dejado a nadie.

Te mostré todo de mí.

Te entregué lo único verdaderamente frágil que tenía.

Y lo dejaste caer.

Ahora el destino, con su puta ironía,

nos devuelve al mismo lugar:

la porcelana hecha pedazos en el suelo.

Y aunque siento que algo dentro de mí se rompe igual que ella,

esta vez ya no hay nada que decir.

Solo queda mirar los fragmentos.

Daniel Ulibarri

Amante del humo, la gasolina, los químicos y preservantes. Quienes abriguen escrúpulos de moralina, se encierren en sus 'tiquismiquis' de conciencia y provincialismos santurrones, favor dejen de lado estos renglones ahora mismo.

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