porcelana
Te he perdido tantas veces
que ya no sé cuántas cicatrices guarda mi pecho.
Siempre supe que preferiría morir
a tener que vivir sin vos.
Por un instante el tiempo tuvo piedad,
y la porcelana rota volvió a unirse.
Te dejé entrar donde jamás había dejado a nadie.
Te mostré todo de mí.
Te entregué lo único verdaderamente frágil que tenía.
Y lo dejaste caer.
Ahora el destino, con su puta ironía,
nos devuelve al mismo lugar:
la porcelana hecha pedazos en el suelo.
Y aunque siento que algo dentro de mí se rompe igual que ella,
esta vez ya no hay nada que decir.
Solo queda mirar los fragmentos.

