Severo

 drogo en la casa del valiente, sin miedo, sin rumbo.

Estos ojos ya no se sorprenden, no queda asombro,

pie sobre mi cuello, enredado en mi pelo tan hondo.

El mundo arde lento y yo ardo con él,

tragando veneno, respirando su hiel.

Subite al carro, vení, vamos a perdernos,

donde ni el diablo se atreve a buscarnos.

Paz es lo que pido, pero la paz está muerta,

cada inhalación es un clavo en la puerta.

Corazón en la manga, sentimientos enfermos,

lágrimas negras que se pudren en el suelo.

Viviendo severo mientras el mundo se quema despacio,

viviendo severo mientras el mundo duerme en su engaño.

Yo no lo despierto… que se pudra en su sueño.

Daniel Ulibarri

Amante del humo, la gasolina, los químicos y preservantes. Quienes abriguen escrúpulos de moralina, se encierren en sus 'tiquismiquis' de conciencia y provincialismos santurrones, favor dejen de lado estos renglones ahora mismo.

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