punta

Punta afilada de carne y deseo,

centinela erecto que apunta al cielo,

en la penumbra del cuarto callado

te yergues como espada de fuego y pecado.

Suave corona, corona de rey sin trono,

que late al compás de un corazón obsceno,

roza la entrada, húmeda y temblorosa,

y abre el paraíso con solo una rosa.

Punta traviesa, punta juguetona,

que baila entre labios, entre manos, entre nada,

deja rastro de sal, de miel y de prisa,

y al final estalla en lluvia de vida.

No eres solo punta, eres todo el camino,

el pulso, el latido, el grito más fino.

Punta mía, valiente, insolente y divina,

en ti se resume la gloria más fina.

¡Salud, punta brava, reina del placer!

Que nunca te bajes sin antes vencer.

Daniel Ulibarri

Amante del humo, la gasolina, los químicos y preservantes. Quienes abriguen escrúpulos de moralina, se encierren en sus 'tiquismiquis' de conciencia y provincialismos santurrones, favor dejen de lado estos renglones ahora mismo.

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