punta
Punta afilada de carne y deseo,
centinela erecto que apunta al cielo,
en la penumbra del cuarto callado
te yergues como espada de fuego y pecado.
Suave corona, corona de rey sin trono,
que late al compás de un corazón obsceno,
roza la entrada, húmeda y temblorosa,
y abre el paraíso con solo una rosa.
Punta traviesa, punta juguetona,
que baila entre labios, entre manos, entre nada,
deja rastro de sal, de miel y de prisa,
y al final estalla en lluvia de vida.
No eres solo punta, eres todo el camino,
el pulso, el latido, el grito más fino.
Punta mía, valiente, insolente y divina,
en ti se resume la gloria más fina.
¡Salud, punta brava, reina del placer!
Que nunca te bajes sin antes vencer.

