Voluntades Caprichosas

El Funcionario del Estado hizo llamar al señor equis, y le dijo:

Te perdono la vida.

Preguntó, tembloroso, el señor equis:

¿Por qué me la perdonás?  ¿Acaso pesaba sobre mí una condena a muerte?

Ninguna -admitió El Funcionario del Estado-. Por eso mi perdón tiene más mérito. Deberías estar agradecido.

Confuso, el señor equis se alejó después de balbucir unas palabras de agradecimiento.

Ahora vive alegre y temeroso al mismo tiempo.

Alegre, porque la vida le ha sido perdonada.

Temeroso, porque la voluntad del Funcionario es caprichosa, y cualquier día puede dejar sin efecto su perdón.

El señor equis no sabe si está vivo o ya está muerto.

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