septiembre 30, 2020

Vivir es nocivo para la salud

comegalletas

Una cosa me atrevo a vaticinar sin ser profeta:

Dentro de poco el coronavirus nos va a valer un pepino.

Quiero decir que, hartos del encierro y de los muchos y variados inconvenientes que ha traído consigo la pandemia, echaremos a rodar todas las precauciones.

Nos olvidaremos del confinamiento, del cubrebocas y de la sana distancia y volveremos a nuestra vida cotidiana, a nuestras cosas diarias, a hacer lo que hacíamos siempre, y no pensaremos que la amenaza sigue ahí.

Nos sentiremos superiores a cualquiera.

El deseo de vivir prevalecerá sobre el miedo a la enfermedad y la muerte, y otra vez iremos al restaurante con la familia, al café con los amigos, a la reunión con las amistades, al centro comercial, a la fiesta de 15 años, al bautizo o la boda.

También, posiblemente, regresaremos al trabajo.

Pese a todos los avisos y advertencias saldremos del encierro y haremos como que ya no existe el riesgo.

Lo malo es que el peligro ahí estará, y ahí seguirá estando mientras no llegue la vacuna salvadora, que ciertamente tardará en llegar a los países latinoamericanos, según andan por estos lados las cosas.

No servirá de nada que la prudencia y el instinto de la conservación nos exhorten a prolongar la cuarentena un poco más.

Cuál estuviésemos en un estadio gritaremos al unísono:

¡Que se oiga!, ¡se sienta!, ¡el virus vale mierda!“.

Cansados del cautiverio nos echaremos a la calle, aunque la curva ya aplanada nos aplane.

Jugaremos nuestra vida -y nuestra muerte- en un albur.

Así somos“, diremos para explicar nuestra conducta.

Y es verdad: así somos.

Y así seguiremos siendo hasta que no seamos más.

Dejá un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: