octubre 20, 2020

¡Pobres matas a las que el frío mata!

Mueren los claveles con aroma a clavo y mueren los geranios con aromas de clavel. Muere la eterna rosa y muere la pequeña planta llamada amor de un rato.

El olvido se lleva al nomeolvides.

Los pensamientos se marchitan igual que antiguos versos que nadie dice ya.

Sólo pervive la violeta, flor de invierno.

Oculta entre sus hojas pasa inadvertida, y el cierzo no la encuentra.

Pero si vas por los arriates del jardín su perfume te llega como si junto a vos pasara una turista recatada y tímida.

Yo amo a esta flor color violeta, la violeta.

Era la flor preferida de alguien.

En su memoria tengo un ramito de violetas artificiales que se ven bastante naturales.

Las miro y vuelvo a oír la voz de quien se fue y que me habla de su niñez, de una villa en cuyos huertos hay tantas violetas que su aroma llegan a un kilómetro de distancia.

Las violetas, flor de invierno, me traen esos recuerdos.

Y para los recuerdos no hay invierno.

Solo el cielo.

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