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Daniel Ulibarri

Vida interior

Uno dice: por favor no a la vida interior,
a los modales por todos los medios, pero
nada afectivo, eso no es una compensación por
las insufribles dificultades de expresión dirigidas
dentro y hacia afuera de lo que olvida la ciudad.
Los contrarios tampoco son fáciles de conciliar
pero cuando inspecciono las provincias veo
que la vida interior nos tiene a todos por cuello.
Son días sofocantes, antiguo conjuro y maldición,
los dioses y sus espejismos de equilibrio inciertos.
Una vez más las bandadas de oro del cielo y sus
destellos solamente son adornos para distraer.
Sistemas y procesos esconden algo bajo
esas alas agonizantes: las crías de animales
comienzan a salir de su capullo una vez
que han alcanzado el máximo nivel de
su desarrollo y están listos para nacer…
En provincia o ciudad, aquí o allá, no parece
existir un presentimiento más donde la certeza
y la lógica inspiren actos de amabilidad.
Los dioses tan sólo pueden rozar la faz del mar.
Sorbos rápidos y nocturnos aceleran la noche,
pero los caminos turbios, el hambre y el terror
nos hacen comprender que no hay un Dios…
Sólo la tierra podrá volver a la tierra y quizás no.

Amante del humo, la gasolina, los químicos y preservantes. Quienes son amantes del "fitness", el gimnasio, las dietas y los maratones y cualquiera que abrigue escrúpulos de moralina, se encierre en sus 'tiquismiquis' de conciencia y provincialismos santurrones, deje de lado estos renglones ahora mismo.

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