octubre 24, 2020

El viajero ha estado en los antiguos puertos balleneros de Nueva Inglaterra: New Bedford, Nantucket Island, Martha’s Vineyard…

Desde que leyó Moby Dick fue seducido por el folclor de aquellos recios cazadores de ballenas que se jactaban de que con su oficio daban luz al mundo, pues el aceite que sacaban de sus presas, a las que perseguían por los siete mares, servía para las lámparas con que se iluminaban por la noche las ciudades y las casas.

Ahora nos parece infame la cacería de esos amables monstruos, las ballenas, pero en aquellos años del antepasado siglo las vidas de los balleneros -y sus muertes- inspiraban canciones, poemas y obras monumentales como la de Melville.

Cambian los tiempos y los hombres cambian. La eterna lucha de los hombres sigue, lo mismo que el heroísmo de quienes buscan el pan para sus hijos con riesgo de su vida.

Las casas en los puertos balleneros tenían un mirador desde cuya altura se podía otear la inmensidad del mar. Se llamaba “widow’s tower”. La torre de la viuda.

El viajero ve una de esas torres en una casa de Nantucket y se pone triste.

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