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noviembre 26, 2020

La calle es larga y es angosta.

Sus casas, todas, son de un solo piso. Ni ricas ni pobres son. Son casas como cualquier casa de cualquier calle de cualquier ciudad.

Algunas de ellas muestran un letrero con la palabra “Hotel”.

En la puerta de cada una de esas casas se ve una mujer.

No es ni joven ni vieja.

No es ni fea ni bonita.

Es simplemente una mujer.

También ella es un letrero anunciador.

El viajero se asoma a una de las casas y mira en el zaguán a otras mujeres que charlan entre sí, o leen una revista, o dormitan en su silla.

Son prostitutas.

Tras el zaguán hay una serie de habitaciones cuyas puertas dan a un patio ruinoso.

Ahí un hombre está sentado ante una mesa donde hay una caja de la que acaba de sacar unos billetes que lleva a su bolsillo.

El viajero ve cosas muy bellas en sus viajes.

Esta vez ha mirado una muy triste.

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