octubre 26, 2021

Usted quien transformó su angustia

en una conciencia sana, ponga su voz

donde está su memoria.

Usted que se tragó el polvo de la tarde,

defienda todo lo que entienda con palabras.

Usted, si nadie más, condenará

con su lengua la erosión

que trae cada desilusión.

Usted, que vio las imágenes

de repugnancia creciendo,

entenderá como el tiempo

devora a los indigentes;

usted, que se entregó a sus

propios mandamientos,

sabe mejor que nadie por qué

dio la espalda a los límites

más duros de su ciudad.

No se calle, no tire la verdad

más persistente, como sus hermanos

testarudos a veces lo hacen.

Recuerde bien cómo era su vida:

nubosidad, y barro resbaladizo

después de una llovizna;

ventanas endebles el viento

seguía traqueteando en invierno,

y aquella vivienda de losa sin calefacción

donde la frialdad se arrastró en su ropa.

Dígame como pudo venir hasta este punto,

para desbloquear puertas de la historia

para ver sus primeros años,

su gente, los demás…

Nombre el camino, el espíritu tranquilo

de la rebelión que le ha servido,

y como llegó usted para desaprender

las lecciones de ese maestro,

el omnipotente profanador de su tierra.

Dejá un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: