octubre 22, 2020

La casa era extraña, incluso para una casa de verano, fría incluso, la misma entrada envuelta en un mosquero casi cortado por los árboles, aunque los árboles, fuera y en adelante, cobrarían vida con pájaros azules, pájaros tan mansos.

Seguirían por el sendero de la montaña cantando líricas en el idioma que habían inventado, hasta que invitaba el pequeño lago del centro.

Era hora de ir a casa.

¿Había visto alguna vez un pájaro azul de un azul tan brillante? un azul que se confunde fácilmente con la felicidad.

Yo incluso no sabía que un pájaro azul lleva los pelos mezclados de blanco y negro.

Yo te sabía, te conocía y te amaría, y volaba con la idea que eso fuese suficiente.

Este ‘blues’ y tus azulejos -como los llamaste- eran tuyos: parecían volar dentro y fuera de tus manos.

El lago era uno de esos lagos como espejos.

Y la casa era tuya.

Me fui… con mi pájaro azul.

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