diciembre 4, 2020

Llega de noche, cuando todo en la casa está ya oscuro y en silencio.

Nada dice. No habla. Sólo se pone, solo, junto a la cabecera de la cama y mira fijamente al hombre. Éste siente su mirada aun en medio de las sombras.

Todas las noches llega. Todas. El sueño no puede estar donde está él, por eso huye. Y el hombre queda desamparado ante el espectro, sin poder dormir, con los ojos abiertos como un asesinado.

En vano ha pretendido hacer como si esa presencia no existiera. Intenta orar, pero su oración es rechazada. Busca recordar cosas gratas de su vida, pero el recuerdo de las horas felices no acude a su llamado. Quiere olvidar, y el olvido tampoco viene.

El hombre teme la llegada de la noche porque con ella llegará el fantasma.

El hombre sufre.

Ni siquiera sabe que su atormentador no es un fantasma.

Es un remordimiento.

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