octubre 27, 2020

Llegó sin avisar y me dijo de buenas a primeras:

Soy la última oportunidad.

Creí reconocerla. Muchas veces pensé haberla visto.

Le pregunté qué podía hacer por ella.

Diga a sus dos lectores –me pidió- que aunque todos me llaman “la última oportunidad” la verdad es que no soy la última. Soy la penúltima, y aun en ocasiones la antepenúltima. A veces soy solamente una de tantas oportunidades, y quedan todavía muchas otras antes y después de mí. Recomiende usted a quienes lo leen que no me confundan: la que parece la última oportunidad generalmente no es la última.

Y ¿por qué me pide eso precisamente a mí? -quise saber.

Respondió:

Porque usted es mi última oportunidad.

Hizo una pausa y se enmendó a sí misma:

Bueno, quizá no la última. Pero sí la penúltima. O la antepenúltima. O una de las muchas oportunidades que todavía me quedan.

Así dijo la última oportunidad.

La verdad es que no es la última.

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