Daniel Ulibarri

Tornadizo

La veleta se cansó de que la gente dijera siempre:
Es tornadizo como una veleta.

Decidió entonces dejar de ser tornadiza, y un buen día amaneció inconmovible.

Soplaron fuertes vientos provenientes de los cuatro rumbos cardinales, y la veleta permaneció firme.

Entonces sucedió algo que los observadores han encontrado interesante: la casa empezó a girar.

Aunque increíble, el fenómeno se antoja lógico: si la veleta ya no giraba, algo tenía que girar.

La gente de la comarca ya no dice:
Es tornadizo como una veleta.

Ahora dice:
Es tornadizo como una casa.

Al paso de los días todas las veletas de la ciudad imitaron a su compañera: todas dejaron de girar. Y ahora, por consecuencia, todas las casas giran.

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