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Daniel Ulibarri

Tierra traicionada

De la boca de la mañana los huesos emergen,

se susurra una oración sobre cuernos redondos;

la pradera está más allá.

La joroba temblorosa y el humo sagrado

brilla liberado en la respiración.

Hierbas dulces trenzadas sobre sus cascos;

aunque las garras del hambre yacen pesadas

sobre la tierra traicionada.

Deja que crezcan un sinfín de hierbas nativas

entre las estrellas y las piedras amarillas.

Como hace cien años, las recompensas

se obtienen de la muerte;

trenes, autobuses, coches, aviones

llevan el cadaver segmentado

del terrible gusano y los gritos

de los perseguidos parten el sol despierto.

Es hora de restaurar las cuentas

y los fragmentos robados,

los huesos y los cuchillos a cada tumba.

Los sepulcros ya no son sepulcros,

sino úteros; las recompensas queman sus manos

y huesos que fluyen de estantes de museo bailan

en la hierba ondulante, reconstruyendo

pulmones e iniciando corazones sobre esta

tierra traicionada.

Amante del humo, la gasolina, los químicos y preservantes. Quienes son amantes del "fitness", el gimnasio, las dietas y los maratones y cualquiera que abrigue escrúpulos de moralina, se encierre en sus 'tiquismiquis' de conciencia y provincialismos santurrones, deje de lado estos renglones ahora mismo.

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