septiembre 17, 2021

¿Cuánto tiempo logrará la cama que hicimos juntos mantenernos allí?

Tus mejillas sin barba rozaron mi piel desde la tarde hasta el amanecer,

una nube de partículas dispersas,

ahora islas de espuma de afeitar lentamente girando en espiral por el desagüe,

gotas de sangre punteando el agua rosa mientras beso la parte trasera de tu cuello,

nuestras caras enmarcadas dentro de un espejo de botiquín.

La cuchilla de tu mano esculpe un portal sin vapor,

los dos como niños detrás de un vidrio esmerilado

que se despiden mientras un carro enciende en pleno invierno.

Todo eso pasó desapercibido hasta ahora:

tazas de café vacías apiladas en el fregadero,

los chicos del barrio hasta el cuello en puños de hojas húmedas

y resbaladizas como caen los meses en el calendario de la cocina,

como moscas congeladas, la temporada de gripe en apogeo

seguida por un tren de magia marcada

por las noches que pasaríamos separados.

La muerte debe funcionar de esa forma,

una serie de llamadas de larga distancia

que solo llegan al sonido de tu voz en nuestra máquina,

la confesión muda de mi corazón descartado.

¿Cuánto tiempo antes de que nos alejemos de las flores?,

y tu mano ciega llegue más allá

de nuestros hombros postrados en cama

para callar esa alarma digital en intervalos atrasados

hasta que la apaguemos para siempre y por completo.

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