Ha callado el reloj. Su clara nota
no va ya por el aire de la casa,
exacta, matemática torcaza,
calendario con ritmo de gaviota.

En las habitaciones, la voz rota
del «Tempus fugit» la lección repasa,
y el péndulo monótono acompasa
la fallecida música en derrota.

¿Qué fue de la sonora sonería?
¿De dónde este silencio que nos vino
para dejarnos su canción vacía?

¿Debo en ese reloj leer mi sino,
y ser una amorosa melodía
que callará de pronto en el camino?

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