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Daniel Ulibarri

Sombra perdida

Un hombre advirtió cierta mañana que no tenía sombra.

Se preocupó bastante. ¿Qué había sido de su sombra? Le dijo a su mujer:

Perdí mi sombra.

No me extraña -replicó ella-. Nunca sabés dónde dejás las cosas.

Le dijo a su sombra el hombre:

Espero que esto no vuelva a suceder.

A eso del mediodía el hombre notó con alivio que ya tenía sombra. Al parecer su sombra se había quedado dormida. Las sombras también se cansan de seguir por todas partes a los cuerpos.

Le contestó la sombra:

Yo siempre debo esperar a que tú salgas para salir yo. Y es más triste ser sombra sin cuerpo que cuerpo sin sombra.

El hombre ya no supo qué decir.

Amante del humo, la gasolina, los químicos y preservantes. Quienes son amantes del "fitness", el gimnasio, las dietas y los maratones y cualquiera que abrigue escrúpulos de moralina, se encierre en sus 'tiquismiquis' de conciencia y provincialismos santurrones, deje de lado estos renglones ahora mismo.

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