La ley del sol

¿Qué hora es? El hombre no lo sabe. Aquí no hay horas. Hay días, sí, pero no tienen horas. Esto quiere decir que no hay horarios. La vida se rige por el sol.

Cuando aparece deben ser las 6 de la mañana. Cuando está arriba han de ser las 12 del mediodía. Cuando baja son las 6 de la tarde. Más o menos.

Ahora está amaneciendo. El paisaje es difuso. Todavía es de noche, pero ya empieza a ser de día. Los pinos no parecen pinos. Parecen sombras. Las estrellas empiezan a ser todas fugaces porque ya se van.

Al filo de la noche que se va y del día que llega el hombre mira dos venados. Están cerca, muy cerca. Son esbeltos y gallardos. Pacen tranquilos; nada los amenaza. Son los dueños del bosque.

El hombre se desazona: no tiene derecho a estar ahí. Su presencia es casi una profanación. Es como si entrara a un templo perteneciente a una religión que no es la suya.

Los venados miran al hombre y se alejan de él con altiva lentitud. El hombre entra en su cabaña como si quisiera ocultarse.

Sale el sol por sobre el filo de la montaña. ¿Qué hora es? El hombre no lo sabe.

El hombre no sabe nada.

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