La nube es grande y negra como un gran toro negro. El viento no la mueve. Pesa sobre nosotros y sobre el mundo como oscura amenaza.

Ésa nube trae granizo -prescribe con voz segura don Efrén. Y en seguida ordena:

Traigan al inocente.

Una mujer va por el niño. Es un pequeño de 5 años, pero ya sabe lo que debe hacer.

Don Efrén le pone en las manos un machete. El niño lo esgrime, solemne, y hace el ademán de partir el nubarrón trazando en el aire con el machete la señal de la cruz al tiempo que la gente reza tres credos.

El antiguo rito es conjuro para evitar que la nube deje caer su carga letal sobre los huertos y labores.

Yo no creo en eso.

En muchas cosas no creo.

Pero quizá la nube sí cree, porque poco después se aleja con lentitud y se pierde tras los picachos del monte.

No sé… Hay muchas cosas que no sé.

Pero don Efrén, y el niño y la gente del Potrero sí las saben. Se van a sus casas como si lo que sucedió fuera cosa natural.

Para mí no lo es. Lo veo como cosa sobrenatural.

Y a veces me cuesta más trabajo creer en lo natural que en lo sobrenatural.

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