Daniel Ulibarri

Sin salida

Imaginen despertar en medio de una escena ya en progreso, sin recuerdos ni deseo que levanten.

No conozco mayor inocencia, ni siento culpa por mi ausencia de la crueldad que habita fuera.

Aunque no puedo salir de esta casa, sé la medida de cada habitación,

no como un prisionero marcando el ritmo de una celda,

pero como un embrión conoce las paredes del útero,

libre para nadar como su cuerpo le dice,

empujando las paredes de carne,

temiendo solo el momento de contracción

cuando será forzado al mundo ululando y chillando.

A veces viajo tan lejos como la última piedra del camino,

pero cada paso, como en un cuento para niños,

pincha ese lugar crudo en la planta del pie y

como una marea menguante con toda la obsesión de la luna tras él, soy arrastrado hacia atrás.

Me doy cuenta en estas épocas sin viento cómo las hojas de los árboles se quedan quietas, cada una atrapada al roble o álamo que la alberga.

Veo cómo la luna, clavada hasta el centro de la ventana, es como una polilla que solo quiere entrar.

Este espacio sigue todas las leyes del dintel y la cumbrera, obedece los mandamientos de la escoba y la aguja, la costumbre y la gracia.

No es el miedo lo que me retiene aquí, sino la pasión y el foso infranqueable de la luz afuera de mi puerta cerrada.

Dejá un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: