Daniel Ulibarri

Pequeñas sutilezas

 
He tenido la intención de decirte
 
cómo mi cielo es rosado aquí a veces.
 
Es como el techo de una boca que está
 
a punto de morder los dientes de acero
 
torcidos de toda una ciudad en llamas.
 
Cada vez que vos y yo nos observamos,
 
es un desperdicio que tus largas manos
 
no se aferren a las mías y nunca las dejés ir.
 
Porque somos más que pequeñas sutilezas.
 
Invisibles de todo menos los árboles y ese
 
toque de nuestros dedos pensativos…
 
Somos llamas perdurables que se tornan azul.
 
Nuestras temperaturas elevadas cuando
 
nuestras llamas están casi agotadas,
 
deseando cada uno lo cavernoso en el otro.
 
A veces me sigo preocupando si hay un
 
infierno al que iré, porque durante días
 
después del sexo me duelen las entrañas,
 
que sentado aquí en esta silla puedo decir
 
que nunca quiero tocar un hombre de nuevo.
 
Somos sólo pequeñas sutilezas jugando con fuego.
 
Este deseo condenado a terminar en decepción.

 

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