Daniel Ulibarri

Siguiendo la luna

Luna, ahora ambos tenemos cicatrices.

Mi habitación, al parecer, te había extrañado.

Te deslizaste hacia adentro para reclinarte a lo largo del piso de madera como un oblongo de luz.

Mis libros se inclinaron, cayeron y te confesaron mis sospechas sobre tus verdaderas intenciones…

Fingís tu interés en mis objetos revueltos y mi escritorio atestado de papeles.

Venís con tu pequeña maleta oscura que desaparece estrellas en el cielo.

¿Acaso venís a compadecerte por mi muerte?

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