octubre 24, 2020


“He jurado no tener sexo sino hasta encontrar al hombre ideal”.

Eso le confió una chica a otra.

“¡Qué bella promesa! –se admiró la que escuchó la confidencia-. seguro te sentís muy orgullosa”.

“Así me siento -reconoció la primera-. El que está muy enojado es mi marido”.


Don Fenecio se hallaba en el lecho de su última agonía.

Con voz feble se dirigió a su esposa.

“Aspidia -le dijo-: de los nueve hijos que tenemos el menor es por completo distinto a los demás. Pienso que es de diferente padre que los otros. Ahora que se me acaba ya la vida decime la verdad: ¿es cierta mi sospecha?”.

“Es cierta -admitió la señora, atribulada-. Ese niño tiene diferente padre que los otros ocho”.

“Lo sabía -dijo con un gemido don Fenecio-. Pero no quiero irme de este mundo con la duda. Decime: ¿quién es el padre de esa criatura?”.

Respondió doña Aspidia:

“Vos”.


En la cama la esposa del provecto señor le comentó, enojada:

“Ya que no ahorraste nada para la jubilación”.


La pizpireta chica le dijo a su tímido pretendiente:

“Quiero un hombre guapo, musculoso, simpático, agradable, inteligente y rico, Juan”.

“Qué lástima -se condolió el muchacho-. Lo único que soy de todo eso es Juan”.


Ava Pola, famosa actriz de Hollywood, declaró en rueda de prensa:

“Estoy celebrando mis bodas de plata matrimoniales”.

Le preguntó un reportero:

“¿25 años de casada?”.

“No -aclaró Ava-. 25 matrimonios”.


Tebaida Tridua, presidenta ad vitam interina de la Pía Sociedad de Sociedades Pías y censora de la pública moral. (Y también de la privada, cuando se atraviesa).

La ilustre dama leyó uno de mis chascarrillos y sufrió un episodio de pitanga que la dejó extenuada y macilenta.

Las personas con repulgos de pudicia deben apartar la vista de ese abominable escritor.


Loretela casó con Leovigildo.

La noche de las bodas el flamante marido le hizo a su dulcinea una confesión: había perdido un pie en un accidente, pero usaba uno artificial.

Tal circunstancia no fue óbice para que los recién casados disfrutaran a plenitud su noche nupcial.

Bien dijo el clásico latino: “Omnia vincit amor”.

El amor todo lo vence.

No sé cuál de todos los clásicos latinos lo dijo, porque hay muchos.

Según el padre Pólit pasan de 54.

Al día siguiente de la noche anterior Loretela llamó por teléfono a su madre, aprovechando que Leovigildo había salido, y le dijo:

“Mami: Leovigildo no tiene un pie”.

“Que eso no te preocupe -respondió la sabia señora-. Tu papá no tiene ni la décima parte de esa medida, y bien que nos la hemos arreglado”.

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