La libertad como concepto es relativa y personal.

Es individual, pero se transforma en colectiva

cuando no hay marco legal que garantice derechos

ni permita la asociación, porque se Castró la expresión

y se corrompió la cooperación sesentaidós años atrás

en nombre de una insatisfacción pseudointelectual

que decidió imponer una sola ideología,

un solo partido, sin voces ni votos…

porque no hay menos cuando solo queda

una idea para el resto de la vida…

Las otras propuestas, el espíritu ciudadano,

las distintas miradas, todas enterradas,

manoseadas y encarceladas.

Como tantas oportunidades negadas día a día,

las familias separadas, presas por el trauma del engaño.

Repito, han sido sesentaidós años…

El derecho a existir está condicionado, racionado

por el mismo Estado que manipula la idiotez de tipos como Sean Penn

haciendo cosplay del Che, como tantos otros,

revolucionarios tras ver su foto,  sin conocer sus tendencias genocidas.

En tanto, la igualdad mercadeada como algo puro y noble,

aunque para eso no encontraron nunca un póster.

La indignación es al cuadrado, cual otro valor de la patria,

para la patria, encerrada sin ver la impotencia

de todos los disidentes y sus descendientes que nacimos fuera…

Generaciones enteras sin conocer más que los límites de su libertad

sin voz, sin voto… ¿cuál salud? y ¿cuál educación?

trabajando para turistas como en un zoológico

donde hay más empatía por cualquier otro animal…

Sin ver más que una islita dulce y tropical

¡donde ni si quiera hay azúcar! Me enoja y me frustra…

esa manifestación de una política cultural

como todas sus instituciones: hecha pedazos.

Como el país: aislado, adoctrinado, arrastrado.

No es casualidad que su gente y sus mentes

sí son funcionales, porque el clamor del pueblo

se enciende tras el apagón… sea de semanas

¡o de malditos sesentaidós años!

Serán atendidos los derechos enterrados…

Noticia mundial por atreverse a protestar

tantas cosas vienen, y una sola se va.

Tras sesentaidós años de retórica y violencia prehistórica,

azúcar para la noble lucha por democracia y dignidad…

Finalmente, una revolución de verdad.

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