septiembre 28, 2020

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Señor, confieso que quiero la claridad de la catástrofe pero no la catástrofe.

Como todos los demás, quiero una tormenta en la que pueda bailar.

Quiero una excusa para cambiar mi vida.

El día que ayer murió, el sol era más brillante que cualquier sol.

Respondí el teléfono y se abrió un canal entre mi estúpida cabeza y el cielo, o lo que quedaba de él.

El vacío le devolvió la mirada; e hice sonido tras sonido con mi garganta empapada de sangre.

Indecible, tierno y divino indecible, te conocí entonces: te alineas directamente con el núcleo calamitoso del planeta…

tu momento momento momento; abismo íntimo que llamé hermano por una buena razón.

Cuando sucedió lo malo, vi cada espada.

Y cada año me entero de lo que nos han hecho, cambio otra piel.

Me acerco al aire libre; norte verdadero.

Señor, si digo bendice el agua fría que me echas en la cara,

¿Eso me convierte en una fiesta de disfraces?

¿Soy codicioso de comodidad? si te pido que no mates a mis amigos;

si le ruego que presione tu talón contra mi garganta, no lo suficiente para arruinarme,

pero solo así, solo para que casi pueda ver tu cara

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