octubre 26, 2021

El sol sin restricciones había

dividido el día en dos,

y ahora nos fuimos al borde

de la tarde como un cuadro

de figuras encorvadas.

Fuimos como una apestosa,

sudorosa y errante hermandad,

arrastrando y abriéndose

entre las frondosas plantas

de algodón, aparentando llegar

al final del surco.

Pero fue la prisa por llegar allí,

y la única lógica que tuvimos

era movernos al siguiente surco,

y nadie pudo parar nunca

hacia abajo el contra flujo…

Yo fui el niño polvoriento quien

quedó atrás en medio del campo,

preso en mi propia sombra lenta,

correcto en no ceder al ritmo

absurdo de la tradición.

Entonces, mis días se quemaron

en ese estado cautivo de la niñez.

Entonces, el rito emprendedor

de la sedición se apoderó de mí.

Recosté el cuerpo finalmente

en las olas de la bañera de aluminio.

Y en la corriente liberadora del agua,

pude arrojar la mugre y contemplar

las turbias aguas del tiempo.

Y asi fue: con la purificación

del baño semanal limpié cada vez más

a quien se supone que sería y nunca fui.

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