Daniel Ulibarri

Polvo y secreciones

Ni siquiera intento asustarme,

debí haber tenido miedo

al meterme con tu magestuoso escenario.

Pero lo pendejo me hizo tan puro,

tan imperfectamente informado

que entraste violentamente gritando lujurias.

Aquí donde las flechas amarillas disparan hacia adelante ,

entre las piernas de la oscuridad,

debajo de la cortina,

me sale tu secuencia de cielos teñidos,

ahora oscura,

hacia esa luz inmortalizadora sin sentido.

Ahora sé que siento tu calor.

Debí haber sentido la temperatura subir

desde primera fila.

Una puerta de fuego abierta,

¡tu antorcha y ese horno!

Tu único cuerpo parado aquí sin sombra,

marcando vos el ritmo de

tus froterismos y los míos…

Si el ego y la vanidad no te hicieran casi analfabeto,

podrías haber leído que te amaba.

En cada arruga, movimiento y erección de este cuerpo.

Solamente los tontos amorosos nos clavamos. 

¡Qué intenso!

Cierto…

‘Nadie nunca me amó’,

ese cuento se lo echás  a todos solamente vos.

-¡Tiráme a mí una cuecha!-

Las masas tienen hambre del Adonis

que caga eclipses de oro,

el puro vos ¡en llamas!

-Ídolo.-

-¡Grande, pa!-

Vos y yo nos movemos rápidamente,

con puñados de ceniza esparciendo.

El sonido de LA NADA cae en las grietas de las tablas,

las candilejas o la primera fila.

Sos tu pequeña nieve personal tuya,

el rey del polvo repartiendo secreciones.

Tus gotas saladas fluyen esparcidas por todo tu cuerpo,

incluidas tus partes íntimas, las que yo llamo mías.

La defensa personal de tu cuerpo de dioses

contra un golpe de calor potencialmente

mortal todo lo provoca:

sudás, gritás, me empapás…

 

Mi placer en oler a un animal jodidamente caliente

y saborear el reguero con olor a obrero, al natural

Después de que tus glándulas se aceleran

abrazo tu almizcle sudoroso.

Yo te provoqué, me decís. 

Y no me ha quedado energía para discutir.

Como si tuviera 20, ¿cierto?

¡O me me jodés o me follás!

Cada parte que me jugaste fue a la deriva…

tirás esos dados de nuevo, tras recomponerte.

Abro mi mano pero no te la agarro, te dejo ir…

Vas de vuelta a las líneas que te definen perfectamente.

De vuelta al cuerpo y a la belleza de tu cuerpo.

A tu micción, tu peste y elixir de hombre maduro,

tus pies, tus medias…

Otra ronda. Ovación de pie:

¡Reverencia tras reverencia tras reverencia!

Al rey de mi polvo y secreciones.

Cierto.

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