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noviembre 25, 2020

San Telino es un santo del cual muy raras veces se oye hablar.

Vivió en el siglo III, en Antioquía, y sufrió cruento martirio por su fe.

Decapitado, descuartizado luego, sus miembros fueron quemados en la hoguera y arrojados en seguida al mar.

Al cumplirse cada año el aniversario de su martirio San Telino se aparece en el lugar en que recibió la muerte.

Ahí profiere horribles maldiciones contra sus verdugos y sus madres, y les hace post mortem señas obscenas que sobresaltan a los peregrinos que acuden a ver su aparición.

La conducta de San Telino, claro, se aparta de las normas de la Iglesia, que gusta de la mansedumbre de los mártires y alaba su resignación.

No han faltado canonistas que han querido borrarlo del santoral.

Si no lo han hecho es sólo por temor a los dicterios y señales del extraño santo.

Yo gusto de las heterodoxias.

Por eso entiendo los desahogos de San Telino, sus vociferaciones y ademanes.

Procuraré estar en su próxima aparición.

Lo aplaudiré con entusiasmo y le pediré tomarme una selfie con él.

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