La salamandra, dice una leyenda, puede estar en el fuego sin quemarse.

Yo conocí a una salamandra que no podía acercarse al fuego sin arder.

Sufría mucho esta salamandra, claro, pues no podía estar con las demás criaturas de su especie.

En medio de una hoguera las otras salamandras se sentían como en su casa: charlaban entre la lumbre muy a gusto; jugaban a las cartas; tomaban el café.

La salamandra que digo, en cambio, no podía aguantar ni la llama de un encendedor.

Cuando las salamandras desaparecieron del planeta la salamandra que no podía estar en la lumbre se fue al Cielo: había sufrido tanto que por sus penas se ganó la gloria.

Las otras salamandras ya sabrán ustedes dónde están. Y están felices en el fuego eterno.

Ahí siguen charlando muy a gusto, jugando a las cartas y tomando café.

También ellas están en la gloria.

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