septiembre 20, 2020

original (8)

Muchos de nuestros recuerdos son falsos, incluso los más nítidos.

Nuestro primer beso no ocurrió exactamente como nos imaginamos.

La ciencia dice que ninguna imagen del pasado se mantiene impoluta; todas regresan a la mente plagadas de mentiras, hasta las hay completamente inventadas.

Ningún episodio es inmune a la distorsión de la memoria.

Los momentos más emocionantes, aquellos con los que más nos recreamos, suelen sufrir más tachones y parcheos.

Pese a sus inconvenientes a la hora de reconstruir la realidad, las distorsiones de la memoria son necesarias y saludables.

Además, la bruma que modifica los recuerdos y que enlaza el pulso del pasado a nuestra presencia en el mundo es, en consecuencia, lo que nos convierte en más protagonistas de lo que realmente fuimos.

Todos esos matices, colores y ritmos de la memoria hacen la vida al menos un poco más llevadera.

A veces, muchísimo más bella.

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