septiembre 20, 2020

Si la crisis más devastadora en un siglo no nos hace reflexionar, consultar a los expertos y cuestionar nuestro camino, estaremos condenados al subdesarrollo perenne y a pauperización irreversible, dado nuestro perfil demográfico.

Fomentemos creatividad para integrarnos al mundo.

No es momento para trapiches y refinerías, sino para darles a nuestros jóvenes habilidades mercadeables que les permitan competir.

No es momento para dogmas y politiquería, o para buscar capital político dividiéndonos.

Tenemos que enfrentar la brutal crisis unidos. Como país busquemos posicionarnos maximizando nuestras capacidades y fortalezas. Las tenemos, pero muchas se harán obsoletas.

Nuestra ventaja como proveedor de mano de obra barata se acaba conforme los procesos de automatización y robotización se aceleran, en un entorno económico que exigirá altos niveles de competitividad y eficiencia.

Y por eso nos urge corregir el anticuado modelo energético en el cual dilapidamos recursos que no tenemos.

Este es momento para ser flexibles y adaptarnos al nuevo entorno, no para rigidez. Si se insiste en ella, puede volverse permanente.

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