septiembre 27, 2020

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No es posible, digo yo, que todos hayamos soñado lo mimo.

En la vigilia todos los hombres sueñan lo mismo, pero en el sueño tienen diferentes sueños.

Anoche se oyeron en el rancho un tropel de caballería que pasaba, órdenes militares, y luego gritos y risas de soldados.

Yo no escuché nada. Estaba ya dormido.

Pero don Severiano oyó todo eso, y don Zenón también, igual que doña Vinda.

Después de amanecido el día buscamos las huellas que debió dejar el paso de los caballos y la gente, pero no hallamos nada.

A lo mejor soñamos -duda don Severiano.

Y doña Vinda objeta:

¿Todos?

Don Abundio tiene una explicación para eso.

Los ruidos de antes, dice, no se van. De ellos quedan ecos en las cuevas del monte, en el follaje de los árboles, entre las piedras del arroyo.

Ahí permanecen muchos años.

De pronto sopla un viento fuerte y saca esos sonidos, que otra vez vuelven a oírse.

Eso fue lo que anoche sucedió -sentencia-. Los ruidos que se oyeron han de haber sido de tiempos de la Revolución.

Yo no lo creo.

Pero lo quiero creer…

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