Comenzó de niño hipnotizando

a su perro y su gato mediante repetidas caricias.

La misma técnica resultó menos eficaz

más adelante con las niñas,

por lo que un refinamiento fue necesario.

Practicó consigo mismo con un espejo

y una grabadora, pero desafortunadamente

fue su madre quien finalmente

tuvo que despertarlo.

Su problema era que no pudo

encontrar una cómplice adecuada .

Sabía que un paciente debía entrar

con buena reputación y compañía

por las sombras, seducido por el brillo

de un reloj de oro, arrullado por su voz.

Ella debe estar convencida de que el poder

sobre ella era (y ojalá no se sienta él halagado)

su mejor oportunidad para curarse.

Dejá un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: