octubre 22, 2021

Es la revolución del reggaetón; la rebelión del rap y la primera revuelta del Covid-19.

El estallamiento de protestas en varias provincias de Cuba (Camagüey, Matanzas, Santiago, Holguín y la capital La Habana) cimbra al mundo.

Es un preocupante futuro.

Puede desatar un espiral de violencia en la isla, el endurecimiento del régimen o una migración que pondría a todo el continente en un grave predicamento.

Puede desatar lo contrario: una apertura, una negociación interna animada por una amplia presión internacional más allá de la añeja oposición cubana.

¿Podría ser el inicio de la tan ansiada transición?

No lo sé y no lo creo, pero tampoco me consta. Parece una revuelta súbita, inesperada, sorpresiva.

En realidad fue condensándose en el año de la pandemia, cuando al gobierno de Cuba se le cayó finalmente el espejismo de esa excepción de legitimidad y credibilidad: su sistema de salud, otrora idealizado internacionalmente pero hace décadas derrumbado como La Habana misma.

Cuba vive el peor momento de Covid-19 con hospitales colapsados y en medio de la carencia de insumos esenciales de salud.

Productor de una “vacuna nacional contra el virus” (nótense las comillas), no tiene la cobertura esencial de inmunización para frenar la propagación del mal y las muertes.

El asunto hizo crisis la semana anterior tras una especie de conflicto diplomático con Rusia luego de que unos 200 turistas de ese país estuvieron confinados en cuarentena porque al menos la mitad resultó con pruebas positivas de Covid al arribar a la playa de Varadero.

El turismo ruso no paró en la pandemia y los empleados del sector turístico y sus familias comenzaron a caer frente al virus.

La provincia de Matanzas colapsó al grado de que el gobierno cubano lanzó un SOS para la región y promovió el apoyo nacional con el supuesto desplazamiento de médicos y el envío de unos pocos víveres.

Pero la población está indignada. Los cuidados que a los isleños piden, los turistas rusos los ignoran.

Las divisas del turismo se desploman.

El Covid agravó la ya precaria situación de los cubanos en un año que escaseó más la comida, crecieron las filas para conseguir víveres e insumos, se agudizó la pobreza, trastocó el prestigiado sistema de salud y en el encierro con el incremento del uso de aparatos domésticos vino una crisis de la electricidad.

Los apagones fueron más frecuentes.

El gobierno de Cuba presumía tener controlada la pandemia. En unos cuantos días ese discurso se vino abajo y estallaron los reclamos.

Lo vivido antier domingo en Cuba viene de ese afluente de enojo y desesperación. Y con un empuje cultural generacional.

Los reggaetoneros y raperos se convirtieron en los mensajeros del descontento.

En noviembre pasado, uno de ellos, Denis Solís, fue detenido por la policía cubana y el hecho desató el Movimiento de San Isidro impulsado por músicos y artistas que se han mantenido activos.

El sábado 9, el rapero Yotuel Romero, líder del grupo Orishas, y emblema de la disidencia artística, lanzó desde Instagram un mensaje para que en perfiles de redes sociales se lanzara la leyenda de #SOSCuba y enfrentar, dijo, a “la dictadura cubana que no deja que el mundo entero sepa que necesitamos ayuda“.

La influencia del rap y el reggaetón va más allá del baile y el disfrute. Es el movimiento cultural de la ruptura.

El domingo vinieron las manifestaciones convocadas por redes sociales con ese lema: #SOSCuba.

Yotuel y los integrantes de la banda Gente de Zona, con otros artistas, difundieron en febrero pasado la canción titulada “Patria y Vida” con la propuesta de oponerla a la consigna oficial de “Patria o Muerte“.

Tu cinco nueve / yo doble dos/ Sesenta años trancado el dominó“, dice la letra contraponiendo la fecha de la Revolución (1959) con el año del surgimiento del movimiento de San Isidro (2020) que desafió al régimen.

Somos la dignidad de un pueblo entero pisoteada/ A punta de pistola y de palabras que aún son nada/ No más mentiras/ Mi pueblo pide libertad, no más doctrinas/ Ya no gritemos patria o muerte sino patria y vida“, dice la letra.

Antier en la calle se tarareó ese rap con otros lemas: “Queremos comida” “Queremos vacunas“, “Díaz Canel, renuncia“, “Libertad“.

A ritmo de rap y reggaetón se devoraron a la Nueva Trova, estremecieron la isla y advirtieron al mundo.

Ya era hora.

Un pensamiento en “Reggaetón mata Trova

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