octubre 22, 2021

La historia es breve.

Casi ni parece historia.

Los revolucionarios entraron en la hacienda, dieron muerte a su dueño, hombre perteneciente a la antigua nobleza y se apoderaron de todos sus bienes.

Su esposa, joven, huérfana, quedó en el desamparo junto con su hijo recién nacido. Los salvó de morir el caporal, ranchero honrado y generoso que los escondió en su casa.

Al paso de los días le dijo a la viuda:

-Señora: no es bueno que usted vaya sola por el mundo. Le ofrezco mi techo y mi mano. Si usted así lo quiere no la tocaré, pero permítame darles protección a usted y a su hijo.

Se casaron. El ranchero trabajó arduamente para dar estudios al muchacho, que llegó a ser profesionista destacado.

Fue él quien me hizo este relato.

Lo terminó diciendo:

-Ahora ya sabe usted que soy hijo de padre noble.

Y concluyó, orgulloso:

-El ranchero.

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