octubre 22, 2020

Las escenas de la muerte del afroamericano George Floyd, victimado por un policía blanco, nos han estremecido hasta la médula.

El tierno llamado final de “mamá, mamá” contrasta terriblemente con la deshumanización de los agentes policiacos presentes.

El origen de este -y miles de crímenes similares- tienen su origen en el profundo y poderoso racismo que, derivado de prejuicios, estigmas y años de discriminación sistemática, se expresa de forma criminal.

Ese acto de violencia racista en Estados Unidos no parece habernos tocado la conciencia en América Latina ni a conducirnos oficialmente a pronunciar con claridad lo que es ‘y siempre ha sido- poderosamente ignorado en América Latina: el racismo es real y el racismo es inaceptable.

¿Acaso no es ésta una ocasión propicia para voltear a ver nuestro propio racismo y tomar medidas al respecto?

En Costa Rica, padecemos de una dificultad culturalmente construida para vernos como la sociedad racista que desgraciadamente somos.

Durante largo tiempo, el discurso oficial y las narrativas culturales del Estado defendieron la interpretación de que el proceso de mestizaje había diluido las polarizaciones de raza.

Hoy sabemos que esa visión es falsa, aunque permeó a buena parte de la conciencia nacional al grado de propiciar la invisibilidad pública de la discriminación por criterios raciales o pertenencia étnica, la cual es la realidad de cada día en nuestro país.

La racialización es lo que da contenido y existencia al racismo.

Es decir, el proceso de clasificar y jerarquizar -poner como mejores o peores-, a los diferentes grupos sociales a partir del tono de la piel o los rasgos físicos.

En Costa Rica, el racismo se expresa en que el acceso a los derechos, las oportunidades de educación, las opciones de trabajo y la movilidad social están condicionados por el tono de piel de las personas.

Existen opiniones que sostienen que el verdadero problema en nuestro país no es el racismo sino el clasismo, tratando de quitar relevancia al primero.

Las evidencias que tenemos, gracias a los estudios sobre discriminación, muestran que el reparto de privilegios de las diferentes clases sociales está conectado directamente con el tono de piel de las personas.

De hecho, el clasismo se articula a partir del tono de piel, de la apariencia, de la forma de hablar, del circuito educativo, del modelo de consumo y, desde luego, del ingreso.

Por ello, las desigualdades sociales en Costa Rica son concretas: hablan el lenguaje de la racialización de las personas y los grupos menos aventajados.

Acabar con el racismo es una tarea de Estado, de quienes integramos el Estado y de la sociedad en su conjunto.

¿Y cómo empezamos?

Aceptando que somos racistas; concientizándonos de las ventajas y desventajas de las personas derivadas de su color de piel; cuestionando nuestros prejuicios sobre las cualidades y la legitimidad de las personas de tono de piel oscura y actuando en concordancia absteniéndonos de limitar derechos por nuestro racismo.

Quienes discriminan designan un trato diferencial o inferior en cuanto a los derechos y las consideraciones sociales de las personas.

Estas diferenciaciones se llevan a cabo ya sea por el color de la piel, etnia, sexo, edad, cultura, religión o ideología.

Muchas veces este rechazo se manifiesta con miradas odiosas o con la falta de aceptación en lugares públicos, trabajos o escuelas; acciones que afectan a la persona rechazada.

El prejuicio a ciertas comunidades hace que las personas que pertenecen a estas sean prejuzgadas antes de ser conocidas.

La intolerancia, el rechazo y la ignorancia, en la mayoría de los casos, son determinantes para el nacimiento de conductas discriminatorias.

Esto exige que no prestemos oídos a los discursos de polarización y división, y en su lugar resaltemos aquello que nos permite construir en conjunto.

De lo contrario, el racismo seguirá escondido a plena vista de tantos ticos, acumulándose violentamente hasta que estalle como ha sucedido en Estados Unidos siempre: de una manera profundamente escalofriante.

Basta. Seamos mejores.

Dejá un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: