Daniel Ulibarri

quiero un dios

Quiero un dios como mi cómplice

quien pasa las noches en casas

de mala reputación y se levanta tarde los sábados.

Un Dios quien silba a través de las calles y tiembla ante los labios de su amante.

Un Dios quien espera en la fila en la entrada de cines y le gusta beber café con leche.

Un Dios quien escupe sangre de tuberculosis y ni siquiera tiene suficiente para el pase del autobús.

Un Dios golpeado inconsciente por el bastón de un policía en una manifestación.

Un Dios quien mea sin temor.

Un dios llamativo. Un dios hambriento. Un dios fugitivo.

Un dios exiliado. Un dios enfurecido.

Un Dios quien anhela la cárcel por un cambio en el orden de cosas.

Quiero un Dios más divino.

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