septiembre 30, 2020

original (7)

¿Cuántas veces fuimos juntos por el sendero para ver el árbol batallar los vientos? 

¿Cuántas veces subimos por esa senda a la montaña para ver desde lo alto al caserío, para vernos a nosotros mismos en la soledad?

Cuando éramos todavía pequeños gustabas de asustar a las chiquititas criaturas del bosque.

Irrumpías entre las codornices y las hacías volar; corrías tras el conejillo sin ganas de alcanzarlo; le gruñías quedamente al ciervo que nos miraba con curiosidad, y te ponías entre él y yo, presto a defenderme de un peligro inexistente.

Ya no estás, y la vereda por la que ya no subo se ha borrado casi, según me cuentan los que van allá.

Pero siguen estando las codornices, el conejo y el venado.

Quiero decir que la vida sigue estando.

La vida estará siempre, cuando yo también haya partido.

Ahora miro el monte, tan arriba, y me miro yo, tan abajo.

Tú me hacías sentir grande, siempre, con tu amor.

Ahora, con mis dudas, me siento muy pequeño, y ya no estás vos para defenderme de ellas.

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