septiembre 28, 2020

¿Dónde están las putas?

Sus alacenas lucen vacías y las cuentas se amontonan. Sobrevivir es una odisea para las trabajadoras sexuales en una Costa Rica confinada por la neumonía del coronavirus.

Antes de la emergencia, el dinero las conducía a calles o puteros. Ahora, con casi la mitad de la humanidad confinada y los prostíbulos cerrados, apelan a la caridad o a lo poco ahorrado.

Pero ni lo uno ni lo otro bastan. La necesidad apremia a las prostitutas de Costa Rica, que en muchos casos desafían la prohibición de salir de casa pese a las multas y amenazas de prisión.

Y a la posibilidad de contagiarse con un virus que dejará un impredecible número de muertos y contaminados en el país.

Y es que el coronavirus lo ha parado todo, menos la prostitución, dejando a su suerte a cientos de mujeres cis y trans que la ejercen en el país, voluntaria o forzosamente.

La prostitución es, a menudo, invisibilizada y escondida en nuestra realidad, sin embargo, existe y ahora en plena crisis sanitaria, también.

Estas mujeres están ahora en una situación mucho más vulnerable y difícil de afrontar que antes del confinamiento. No tienen recursos y, a esto se suma, la desinformación y desconexión en la que se encuentran.

Antes las veíamos en las calles o en las carreteras, o estaban en apartas, clubes o grandes prostíbulos, la gran incógnita ahora es dónde y cómo están en medio de un estado de alarma. Una gran parte de estas mujeres se ha quedado sin la posibilidad de obtener ningún ingreso económico y con la dificultad de acceder a algunas de las ayudas.

Si las mujeres prostitutas siempre han estado ocultadas, ahora lo están aún más. Esta situación va más allá del debate entre abolicionismo y regularización, va de supervivencia.

La situación de la prostitución está doblemente vulnerada. Por un lado, se encuentra el colectivo inmigrante en situación irregular y, por otro, las mujeres sin ningún ingreso por la situación de confinamiento, con cargas familiares y situaciones muy precarias.

Nada diferente al resto de sectores si no fuese porque en la prostitución no hay ni seguro ni ayudas sociales.

A las circunstancias económicas y sociales se une además la elevada exposición al contagio en la que se encuentran.

Se está vulnerando su derecho a la salud. Estamos todos en alarma, nos piden alejarnos dos metros, y ellas siguen confinadas en clubs clandestinos y con clientes que siguen yendo.

Otra cuestión es el escenario futuro. Esta situación tan vulnerable para la prostitución puede desembocar en un agravamiento después del estado de alarma.

Durante estos días de crisis sanitaria, muchos colectivos están en un contexto muy vulnerable.

No obstante, estas mujeres, por la estigmatización que tienen y por la situación de precariedad en la que viven, son aún más vulnerables.

Existe una gran estigmatización y clandestinidad por no poder dar la cara. Las prostitutas son triplemente clandestinas: por ser ‘mujerzuelas’, estar indocumentadas y/o por carencia de legitimidad.

Todas ellas DEBEN ser beneficiarias del ingreso mínimo vital, aunque se encuentren en situación administrativa irregular, independientemente de lo que dicte la estrecha moral.

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