Daniel Ulibarri

Puerta

 

Es dificil ir a la puerta,

tiene un corte tan pequeño en la pared donde

la visión que hace eco de la soledad

trae un aroma de flores silvestres desde el bosque.

 

Lo que entendí, lo entiendo.

 

Mi mente es a veces un tormento,

a veces soy bueno y otras a penas sustento,

y siento el suelo.

 

Pero veo la puerta,

y conocía la pared,

y quería la madera,

y llegaría allí si pudiera

con mis pies y manos y mente.

Señora, no me destierre

por digresiones.

 

Mi naturaleza

es un lodazal de cosas sin resolver y 

puras promesas y confesiones.

 

Señora, la sigo.

 

Me alejé de mí mismo,

Salí de la habitación, encontré el jardín,

conocí a la pasión en él ,

juntos nos acostamos.

 

La noche muerta recuerda.

 

En diciembre cambiamos,

no multiplicados sino dispersos,

escapado de la infancia,

el rito del desmembramiento.

 

Poderosa magia es una madre,

en ella hay otro asunto de invención,

la renovación de la carrera,

el cargo del mando.

 

El jardín hace eco en la habitación.

 

Se fija en la pared como un espejo.

que da a una ventana detrás 

refleja las sombras.

 

¿Puedo irme ya?

 

¿Se me permite inclinarme hacia abajo?

 

En la ridícula postura de la renovación,

de la insistencia de que soy virtud.

 

Nada para vos es desfavorable.

 

Por dentro también serías enorme,

más grande, más hermoso.

 

Vení hacia mí desde la pared,

quiero estar con vos.

 

Así que te grité,

se oyó como el viento, y cambió…

 

Se multiplicó, invariablemente,

cambios en la mente.

 

Corriendo hacia la puerta

bajé corriendo como un reloj se agita.

 

El tiempo hacia atrás,

tropezó, se sentó duro en el suelo

cerca de la pared dónde estabas.

 

Qué absurdo, qué vicioso.

 

No hay nada que hacer sino levantarse.

 

Mis rodillas eran de hierro, me oxidaron en adoración a vos.

 

Por eso uno actúa, uno escribe la poesía, uno sigue caminando…

 

La puerta en la pared conduce al jardín

donde en la luz del sol nos sentamos

a dar las Gracias en largos vestidos victorianos.

 

La historia se dibuja y se borra en sus rostros.

 

Son jóvenes, son obtenibles y los seguís también

al servicio de Dios y de la Verdad.

 

Pero la Puerta es indefinible,

ella será la puerta en la pared

que da al jardín a la luz del sol.

 

Seguiré hablando para siempre.

 

Nunca llegaré allí.

 

¿Cómo moriré solo?

Ya solo estoy, ¡puta madre!

 

Lo que gime tan patéticamente en esta habitación

donde estoy solo son mis visitas al jardín.

 

Seré un romántico. voy a vender

yo mismo en el infierno,

en el cielo también estaré.

 

En mi mente veo la puerta, la luz del sol delante de mí.

 

A través del suelo llamándome como falda traviesa, la puerta se mueve un poquitín más allá de mí.

 

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