Daniel Ulibarri

Poesía y progreso

Desde que el hombre llegó a la Luna el astro de la noche dejó de ser propiedad de los poetas; la Casta Diva ya no fue casta ni fue diva.

Me pregunto si el progreso se da a costa de la poesía.

Hay quienes piensan que los modernos artilugios electrónicos destruirán el hálito poético. Todo lo contrario…

¿Acaso lo mataron la máquina de escribir o el linotipo?

Mejor será pensar que mientras exista la belleza, habrá poesía. O aunque no sea belleza, digo yo. Con tal que sea real.

Yo escribo poemas, pero no sé si soy poeta. Si lo fuese o no, no le tendría miedo al internet.

Por el contrario, lo veo como camino para que mis poemas lleguen a más gente.

Ahora se lee y escucha más poesía en YouTube que antes en los libros.

El nombre de Sabines, de Neruda o Borges en un sistema de búsqueda genera una nutrida antología de sus versos, bien o mal dichos, pero son sus versos, y cada quien puede hacerlos suyos

Sentir temor de los novísimos aparatos tecnológicos es como haberle tenido miedo en su tiempo a la imprenta de Gutenberg.

Antes de esa invención el saber era cosa de muy pocos. Gracias a ella fue de muchos.

Así, merced a los aparatos de hoy la belleza de la poesía, de la música, de la pintura, lo mismo que las honduras de la filosofía o de la religión llegarán a más gente, aunque también le lleguen en mayor medida la estupidez y la maldad.

Recibamos, pues, al progreso no con resignación, sino con alegría y gratitud.

Además, las cosas ya bien vistas, el progreso es inevitable.

Igual que la belleza.

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