El arte de perder no es difícil de dominar;

Tantas cosas parecen destinadas a perderse que su pérdida no es un desastre.

Pierdo algo todos los días.

Acepto el nerviosismo de las llaves perdidas de la puerta, de tantas horas mal gastadas creyendo tus palabras.

El arte de perder no es difícil de dominar.

Luego practicaré perder más allá, perder más rápido: lugares y nombres, y falsas compañías.

Ninguna de esas pérdidas resultará desastrosa.

Perdí el reloj de mi padre. 

Y encontré un horario que acomoda mis excentricidades. Él lo sabe. Así sí se vale. 

Perdí dos ciudades, hermosas. Y, más vasto, algunos reinos que poseía, dos mares, un continente.

Los extraño, pero no fue un desastre. Pierdo lágrimas cuando recuerdo a mi madre…

Le perdí el respeto a la derecha que oprime a la izquierda.

Le perdí el respeto a la izquierda y su falso proselitismo que encima de gratuito, está siempre a la venta..

No he mentido. Dense cuenta…

Es evidente que el arte de perder no es demasiado difícil de dominar; aunque puede parecer un desastre.

Hay que perderse todos los días en el interés de encontrar aceptarse.

Favores que la vida pocas veces hace… hasta que la vida misma perdemos y otro misterio nace.

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