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Daniel Ulibarri

Pequeñas muertes

Esta noche estoy solo en la cabaña. 

No hay sangre en mi lengua ni manos,

pero todos los elementos cambian.

Cada minuto o dos, otra polilla se mete a través

de la llama de la vela, una bocanada polvorienta,

violento el silencio que paraliza las almas.

Algunas caen medio selladas en cera,

otras se pudren carbonizadas sobre la mesa.

A puñados, cada hora, las arrojo a la estufa.

Así de fácil es darles pequeñas muertes,

a esos bichos miserables -l