octubre 26, 2021

Viviendo de pastilla en pastilla, de la cama

al sofá, lo que no me mata tan solo me marea.

El dolor se disuelve como tiza en el agua,

arena al fondo del vaso: promesa de hechiceros.

La espera palpita hasta las plantas de mis pies,

aguijón, hormigueo, pinchazo, un cuchillo

se ha atravesado por mi ojo izquierdo.

Mi pie derecho está hecho de piel de elefante y

pesa aproximadamente un costal de papas.

Oxígeno veinticuatro horas, bella noche…

Amo mi pastilla blanca que afloja el puño negro

del dolor, liberando los nervios y flotando hacia

unaa oscuridad visible, mundos disolviéndose.

Dulce sabor a fuga, me tiembla la mano:

algún ser extraño en mi cerebro dando órdenes.

Droga de la arrogancia que quema mis ojos,

mis garabatos son ilegibles a la luz del día.

Disparos en la oscuridad, detrás de mis ojos…

los hilos del oro, destellos de la mente se apaga.

Eludir el dolor, flotar más allá de la claridad.

Cerebro que se estrella como mosca doméstica.

El chisporroteo de una estufa y estallidos de

cenizas: la ilusión es la confusión mental que

puede deshacer hasta el último suspiro…

Si matás el dolor, te convertirás en dolor.

El dolor no siente dolor sin nervios en el cerebro.

Es una mierda mental. Es solo mi mala suerte.

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