Como todos los extraños que temporalmente se encuentran moviéndose en la misma dirección, miramos por la ventana sin ver realmente, o revisamos nuestros teléfonos tratando de captar una señal agonizante.

Luego suena el famoso silbido solitario que tantos han cantado y nuestros cuerpos se estremecen.

Pronto cobramos velocidad y pasamos las fábricas abandonadas, sobre las cuales han habido tantas conversaciones últimamente.

A través de ventanas rotas nos miran pidiendono clemencia, pero nos dormimos uno al lado del otro, cabalgando hacia un túnel, compartiendo sin saber el mismo sueño …

En él, llevamos algo: un ataúd vacío tan pesado por varios motivos, que solo juntos podemos llevarlo sobre un puente en la niebla, emergiendo de repente en la luz.

Nos despertamos y abrimos nuestras laptops, o un libro sobre asesinatos, o una revista de belleza y espectáculos…

Aunque estamos casi despiertos, parte de nosotros todavía sigue resolviendo problemas tan grandes que no se pueden nombrar.

Incluso una vez que hayamos llegado a nuestro destino y desembarquemos en cualquier microclima, hay un compartimento dentro nuestro, un profundo silencio analógico dentro de nosotros…

El sueño sigue y sigue y sigue…

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