Pasado, presente y futuro

Quieren apagar la luz de Dios con la boca.

Quieren, como la soberanía de los muertos,

que se extienda poco menos que la carne.

Su presente se ha roto en pedazos,

entonces sugieren un mañana,

quienes ahora mismo están bailando al sol

con masilla sobre sus ojos.

Como un océano tosiendo basura,

estoy exprimiendo a Dios

hasta sacarlo de mis poros,

la intención palpita como una luna.

Esa es la diferencia entre el hombre y la luz:

la luz no pedirá que me corten la lengua.

La cifra oficial de muertos aumenta

como ecos del pasado de una cueva del acantilado.

Es crudo cómo han descubierto la verdad de Dios,

tan vulgar como un malabarista en un funeral.

Pido permiso para lamentar lo perdido.

Se compadecen de mí y mi nombre,

con la pasión de los cordones de un zapato.

Pero no se les dio lo que yo si tengo:

majestad y un rostro de peso.

Ya quisieran una boca como la mía

para apagar sus pequeños incendios.

La misericordia del discurso.

Del sueño. De ellos.

Como si la voz de la historia

fuera más íntima que la de la memoria.

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