septiembre 22, 2020

Hablar en estos momentos del coronavirus y sus consecuencias se ha vuelto el tema obligado de análisis científicos, económicos y políticos. No hay forma de hacer a un lado la preocupación de este mal temible, pero al menos intentan nombrar a los fantasmas que circulan entre nosotros con interpretaciones diversas.

Un buen recurso lo ofrece la literatura con sus novelas acerca de las calamidades que asolaban a la humanidad matando a miles de personas, devastando ciudades y familias.

Por ejemplo «La Peste», de Albert Camus, que narra cómo aparece una plaga de ratas en la ciudad argelina de Orán. Ante las escasas medidas profilácticas, la enfermedad cunde y la falta de espacios para atender a todos los enfermos deja el sistema de salud colapsado.

Y no sería el único referente. Tenemos «La Carretera» («The Road»), de Cormac McCarthy, Premio Pulitzer de novela considerada como una visión anticipatoria del final del mundo por las guerras nucleares y con ellas la muerte de la naturaleza. Un hijo y su padre, casi únicos sobrevivientes, intentan buscar el sentido a la destrucción y a la soledad caminando por una carretera gris y solitaria, buscando víveres al interior de las casas abandonadas.

Por otro lado, el cineasta Felipe Cazals estrena en 1979 «El Año de la Peste«, película de ciencia ficción, que narra la aparición de una pandemia cuya gravedad minimizan las autoridades y acaban encubriendo los riesgos.

Hay que revisar también «Los Niños del Hombre«, dirigida y coescrita por Alfonso Cuarón.

La historia se repite hoy, y estamos demasiado ocupados en actividades relacionadas con la economía, la caída de la Bolsa, las pérdidas millonarias y como siempre descuidando lo esencial, que es la vida, hasta que de pronto suenan las alarmas y nos enfrentamos a una realidad que nos sobrepasa: falta de infraestructura médica y un deficiente servicio de salud.

Las enfermedades infecciosas convertidas en pandemias han resultado ser un peligro mortal para los humanos, igual que los gobernantes sin preparación.

Un buen recurso lo ofrece la literatura con sus novelas acerca de las calamidades que asolaban a la humanidad matando a miles de personas, devastando ciudades y familias.

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