El escritor se sorprendió.

Conforme iba escribiendo las palabras se borraban del papel. Escribió:

«Canta, oh diosa, la cólera del pélida Aquiles…«, y no quedó rastro alguno de lo escrito.

Puso luego:

«Nel mezzo del cammin di nostra vita…«. El verso desapareció de la página como si un viento lo hubiera arrebatado.

Escribió en seguida el hombre:

«En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…«.

Las palabras se fueron sin dejar huella alguna de lo escrito.

El hombre, entonces, dejó de escribir.

Al paso del tiempo otros escribieron las palabras que él escribió en vano.

Esas palabras no han desaparecido.

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